terça-feira, 21 de março de 2017

Mujer de azul

Fotografia de Parker Day


Busco una mujer
entre todas ellas
capaz de ver belleza
en el grito de un naufragio,
la belleza
de las innumerables tragedias cotidianas
o del maullido moribundo
del gato del tejado.

Quiero que sea capaz de romper
el destino de un mordisco
de convertir el miedo en migajas
dibujar un mantel
y pegarse un festín.
Una mujer a la que le hagan cosquillas las religiones
que sepa desde siempre
que vamos a encontrarnos
pero que en lo único en lo que crea
sea en el azar.

Quiero que sea a la vez
un sueño y un recuerdo
que llegue con la sonrisa en punto
del mediodía
y con la alegría
imprecisa de un jilguero
-que sepa, como se sabe en los libros-
que el amor romántico es una mentira
sobre un castillo de naipes
-pero que intuya, como se intuye en los sueños-
que juntos podemos ser sencillamente felices.

Una mujer de viento y espada
de beso y hoguera
que cuanto mas la aten
mas se aleje
una mujer de hacha de guerra
de yesca y alumbre
que cure las heridas con sal.

Una mujer con la que todo se peleé
pero nada se rompa
que tras cada tropiezo
se gire en el aire y se ponga a bailar
que invente palancas
con las que mover los otoños
que su lengua sea un río de lava
y su saliva espuma de mar.

Una mujer cuyas piernas inspiren los dogmas
y sus pisadas los aplasten uno tras otro.

Una mujer cuyos labios fabriquen las nubes
y sus besos no paren de llover.

Una mujer cuyas manos sean de arcilla
y sus caricias de agua

o simplemente una mujer sencilla
tal vez, una mujer de azul.

Busco una mujer, para empezar,
— y esto es lo único innegociable —
que sea capaz de mirar de frente
estos versos
y no les tenga miedo.

Una mujer así o nada.

No pienso conformarme con menos.
Cysko Muñoz


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